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Crónica Plaza Estrella

22 Abril, 2013

Lindando las diez de la noche, con todo el papel vendido y el coso de La Condomina alfombrado de barro tras una de esas escasas tardes pasadas por agua que a muchos hizo temer por la permanencia del Concierto de M-Clan y Supersubmarina, saltaban estos últimos al escenario saludando entre los monstruos de ‘Para dormir cuando no estés’. Primero de los temas con los que darían a conocer los de Baeza su flamante ‘Santacruz’. Tras ‘Ana’ y ‘El baile de los muertos’, llegaba el saludo de José Chino. “¡Buenas noches, Murcia. Somos Supersubmarina! La lluvia no ha podido con nosotros, y es un puto placer estar aquí de nuevo… Tenemos poco más de una hora de concierto, así que no hablaré mucho”. Dicho y hecho, ya que, salvo algún “¡Cojonudo!” en reconocimiento a la entrega de un público que coreaba cada uno de los temas –alguno de ellos considerados ya clásicos a pesar de no alcanzar el lustro-, no volvió a dirigirse a nosotros hasta que aproximándose al final, José volvió a echar mano de la lluvia para reconocer que habían pasado “una tarde ceniza, muy mala, montándolo todo”.

Pero todo eso había quedado ya muy atrás, y a nadie parecía importarle rebozarse los pies dando saltos en la arena mojada, ni que Chino no fuese demasiado locuaz. Habían venido a ser testigos de ‘El encuentro’, a escuchar ‘Una canción de guerra’, a regodearse en ‘Las dudas infinitas’, móvil en alto para iluminar –y de paso, grabar-como en otro tiempo lo hicieran los mecheros. Temblar con ‘Supersubmarina’, cantar a petición de Chino un “larara larara larararararara” de acompañamiento. Sí, la comunión se produjo, las voces se acoplaron en ‘En mis venas’, ‘Ola de calor’, ‘XXI’ o ‘Niebla’. Prometiendo dejarnos en buena compañía y tras el consabido bis, se marcharon los de Baeza sin contar para ello con la conformidad de un público que en poco más de tres años ha dado el espaldarazo a este cuarteto andaluz que ha sabido moverse con el viento a favor por el actualmente superpoblado universo indie.

No se veía la luna llena en el cielo cubierto de Murcia, pero saltaban ellos a las tablas envueltos en aullidos y humo blanco, y enseguida las primeras notas de ‘Arenas movedizas’. Y para movedizo, un Tarque pateándose el escenario, corriendo de un lado a otro como si le ardiera bajo los pies –parece que tiene azogue, decían en mi pueblo-, desterrando la quietud a que aboga el pie de micro con un par de malabares que lo arrojaban al fondo, haciéndonos olvidar antes de que terminara el primer tema, el estoicismo que les había precedido sobre esas mismas tablas un rato antes.

“¡Buenas noches, Murcia. Bienvenidos al Rock and Roll del siglo XXI!”, no tardaba en llegar el saludo de Tarque para presentar el tema que cierra su nuevo trabajo, y que encierra a su vez una declaración de las intenciones sobre lo que pretenden con este ‘Arenas movedizas’, que ya hace el número diez. Rock and Roll -puede que del mejorcito que ahora mismo se hace en este país- pero también Blues y algo de Soul, con su guitarra imaginaria entre las manos y su espídico ir y venir, casi escenificando la historia –la mayor parte de desamor- encerrada en cada tema. Rock elegante, como su trajeada silueta a contraluz. “¡Manos arriba, murcianicos!”, pedía Tarque tratando de sacar de su letargo a un público quizá poco habituado a estos últimos temas –y/o anhelante de ‘Carolina’-, pero que comenzaba a desperezarse con la intensidad de ‘Para no ver el final’.

“Clávale el puñal sin miedo… prefiero morir primero para no ver el final”, y la garganta de Tarque clavándose en la arena, haciéndose hueco entre la piel que se erizaba y no por frío, recorriéndola como una lengua áspera y sin embargo cálida. Sonó el que fuera primer single de ‘Arenas movedizas’, ‘Escucha mi voz’, antes de que Tarque explicara lo contento que estaba de volver a casa, encontrarse con los nueve mil amigos que habíamos acudido a la Condomina, “y un montón de cosas más…” Agradecido a Estrella de Levante “por habernos acompañado desde nuestra más tierna adolescencia con esos litricos buenos. ¡Manos arriba!”, insistía, mientras iba presentando a Ricardo Ruipérez –para mayoría no necesitaba presentación alguna- y demás acompañantes, con los que en todo momento mantuvo las distancias cortas.

Las aristas de la voz de Tarque se fundían con la derrota de ‘Roto por dentro’. Un ‘Ritual’ acunado por un solo de armónica, y ‘Los perros del Rock and Roll’, “dedicado a Rajoy y a todos los que están con él”. A esas alturas, el concierto parecía ya un atraco con tanto “¡Manos arriba!”, aunque podría asegurar que la única que sufrió anoche fue la pobre pandereta, lanzada al vuelo una y otra vez y no siempre –casi nunca- recogida. Fundido en negro entre canción y canción, respiro necesario para tomar a bocanadas el aire preciso para sumergirse de nuevo, y con el siguiente tema seguro que tuvo que abastecerse de ración doble. Llegaba ‘Maggie despierta’ haciendo lo propio con el público, y Tarque no quiso dejar escapar el buen rollo creado por el clásico de Stewart, lanzándose de cabeza al coso. “¡Cantad, ostias!”, espetaba mientras el público se iba abriendo a su paseíllo como el Mar Rojo, dándonos pistas a los que observábamos desde la grada de su itinerario, pues se había vuelto invisible entre la multitud.

Vuelta a escenario y otro de los temas ya clásicos de la música española, pese a ser a su vez un clásico de la Steve Miller Band. ‘Llamando a la tierra’, emoción desde el primer acorde de esta lírica historia sobre un destino sin sentido. Guiño a su barrio de Vistaalegre con ‘Calle sin luz’ antes de hacer mutis y dejar al público esperando el ya casi obligado bis sin hacer esfuerzo alguno por conseguirlo. Tras ‘Nadie se acordará de ti’ y ‘Pasos de equilibrista’, segundo bis con una Carolina sobreexplotada en karaokes, pero de la que el público parece no saciarse nunca, y un último consejo para la noche: “Quédate a dormir” con espontánea incluida a la que Tarque invitó incluso a compartir su lata de Estrella en medio de la apoteosis que generó el tema de despedida. Y, cómo no, “¡Manos arriba para decir adiós!”. Por supuesto, nos rendimos a esa garganta que logró que destacar pareciera tan sencillo.

 

Fuente: La Cultureria

Fecha: 8 de Abril de 2013

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